La vida es como una caja de bombones, decía el tonto de Forrest Gump en su película, nunca sabes lo que te vas a encontrar. Tras años de esa nefasta política urbanística que ha convertido nuestro territorio patrio en una inmensa mole de cemento, y muy en especial toda la zona de Valencia, después de descubrir que fue un error centrar nuestra economía en la construcción (así nos va ahora como nos va), después de que la experiencia nos ha demostrado que todo este modelo tan sólo genera corrupción, este fin de semana voy y me encuentro que hay quien no se ha enterado de nada. En la población valenciana de Cortes de Pallás, al alcalde, don Alberto Sáez, no se le ha ocurrido otra que proponer un PAI (Plan de actuación integrada) para dar salida a la "mucha demanda de vivienda" que en el pueblo hay.
Para quien no lo sepa, un PAI es un proyecto para urbanizar zonas rurales y convertir así un paraje "que no vale pa ná, mas que pa criar ratas" y convertirlo en maravillosas viviendas que colmarán de trabajo, bienestar y satisfacción al pueblo que lo proyecta. Y como resulta que en Cortes hay unas huertas de origen morisco que no valen para nada, en las cuales además podemos encontrar gran variedad de aves (estamos hablando de una ZEPA -zona especial de protección de aves) las cuales sólo hacen que molestar con sus trinos, pues qué mejor que construir unos adosados. En vez de potenciar el pueblo aprovechando el legado y el entorno, se hace creer al vecindario que la construcción será la salida a sus males y a sus crisis, pasando por alto que una vez se hayan cargado las huertas alguien tendrá que comprar los solares para construir (ya ves, comprar cuando todo el mundo está vendiendo porque no hay salida alguna). Al final ni tendrán huerta ni ventas, es lo que se dice todo un negocio (a excepción de la empresa que se encargue de hacer calles y alcantarillados, que esos sí cobrarán).
Pero lo más esperpéntico de toda esta historia es que la mayoría de las huertas pertenecen a jubilados los cuales desean vivir su jubilación tal y como la han planeado, esto es, llevando una vida tranquila y plantando sus hortalizas. Ahora, en cambio, se ven obligados a pagar 90.000, 70.000, ó 60.000 euros, dependiendo del terreno, para perder su huerta y recibir a cambio una parcela edificable que vaya usted a saber si la conseguirán vender. Toda una vida ahorrando dos duros y planificando una merecida jubilación vivida como a ellos les gusta para que ahora venga un señor que en tres años ha llenado el pueblo de placas con su nombre y no ha hecho más que gastar dinero en megaproyectos de dudoso interés público (algo que ya se está convirtiendo en costumbre en Valencia). Y además hemos de añadir la presión de aquellos que se han dejado arrastrar por la fiebre ladrillera y piensan que con el PAI del agua en medio (que es como se llama el proyecto) harán el agosto, eso sí, sin pensar en el daño que generarán a sus convecinos (claro que de este otro rasgo del carácter de algunos valencianos ya nos habló Blasco Ibáñez en sus novelas).

1 comentarios:
Fui vecino de Cortes de Pallás durante 9 años, cuando trabajaba en la antigua central hidráulica, y me llena de estupor escuchar que en un pueblo, lleno de historia y con un paisaje envidiable, se pretenda construir unas viviendas de lujo a costa de cargarse las huertas y hundir en la miseria a muchos de los jubilados que las perderían. Algo huele mal en este asunto, y el Ayuntamiento tiene mucho que ver. Desde Alicante un cordial saludo a todos los cortesanos y cortesanas, y pedirles que luchen para que su pueblo no pierda su identidad.
Manuel González
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