II. El fundamento histórico-natural de la moral.
El principio del que parte Ellacuría es el intento de superar lo que llama el reduccionismo idealista de la filosofía occidental . Esta filosofía ha tenido dos tipos de desviaciones a lo largo de la historia: logificar la inteligencia, por un lado, y entificar la realidad, en el otro extremo. Pues bien, tanto la una como la otra pueden ser superadas desde la filosofía de Zubiri. En este pensamiento encuentra Ellacuría no sólo la superación de los reduccionismos de la filosofía occidental, sino también un realismo fundamentado en una teoría de la inteligencia, capaz de superar la clásica separación sujeto-objeto y que coloca a la realidad como la dimensión trascendental por excelencia. «Frente a los distintos procesos de entificación de la realidad –nos dice Ellacuría–, Zubiri insiste enérgicamente en la necesidad de dar toda la primariedad y principalidad filosófica a la realidad misma en el doble sentido de que la realidad es lo último y más abarcante y de que todo lo demás (ser, existencia, sentido, etc.) surge en y desde la realidad» . A esta teoría Ellacuría dará el nombre de «realismo materialista abierto».
Sin embargo, y a pesar del nombre, este tipo de realismo no ha de ser entendido tal y como tradicionalmente se ha expuesto esta doctrina. La realidad aquí no es algo «en sí» que sea captado inmediatamente por una inteligencia. La realidad es una formalidad; no es «en sí» ni «para sí», sino que es «de suyo», esto es, algo aprehendido por la inteligencia como actualización de lo real en tanto que real. Esta inteligencia es una inteligencia sentiente. Para Ellacuría, lo mismo que para Zubiri, «Inteligir y sentir son dos componentes de una única estructura que ejecuta un acto único, complejo pero uno, el acto de intelección sentiente. No se trata de una mera continuidad entre inteligir y sentir ni de una unidad objetiva en el sentido de que ambos versaran sobre el mismo objeto, sino de una unidad formal estructural». Es la inteligencia sentiente la que capta la realidad en un único acto, en un proceso unitario que Zubiri denomina aprehensión primordial de la realidad. Gracias a que el hombre posee esta inteligencia sentiente es por lo que puede habérselas con la realidad.
Esta inteligencia sentiente del hombre, y por la cual aprehende la realidad, tiene un origen material y biológico. Ellacuría considera que toda realidad intramundana es siempre material en cuanto que surge en el seno de la materia. Esta materia «es principio estructural de lo que son las cosas materiales y es, a la par, principio de actualidad; pero está, además, dotada de suyo de un dinamismo estructural y estructurante, gracias al cual hay un paulatino crecimiento de unidad y sustantividad a partir de la mera singularidad hasta llegar a la plena individualidad y sustantividad que compete a la persona humana» . La materia, por su dinamismo estructural, experimenta un proceso en el cual van apareciendo diferentes estratos, fundados unos sobre otros, y que van desde la primera manifestación de la materia o materia elemental hasta la materia viva. Esta materia viva sufrirá así mismo un movimiento progresivo, comenzando por la mera materia biológica y culminando en los organismos vivientes, los cuales poseen ya una independencia del medio y un cierto dominio sobre él, además de ostentar una manera peculiar de habérselas con las cosas y que es la suscitación y la respuesta. En un ulterior paso los organismos vivientes evolucionarán hasta el organismo animal, el cual además de tener independencia y control sobre el medio cuentan con un peculiar modo de habérselas con las cosas: el sentir. Es por la capacidad de sentir por lo que el animal capta las impresiones que llegan hasta él en forma de unidades autónomas frente a las cuales puede dar respuestas adecuadas. Esta función es la formalización y también está sujeta a todo el proceso evolutivo del que venimos hablando. De esta forma «a lo largo de la escala zoológica asistimos a una progresiva formalización, a una progresiva independización. A mayor formalización […] mayor riqueza de respuestas» . Por último nos encontramos con un animal cuyo desarrollo cerebral es tal que ya no podemos hablar de formalización sino de hiperformalización; éste es el hombre. Por su grado de formalización el hombre ya no puede dar respuestas determinadas a los estímulos, razón por la que su supervivencia se encontrará seriamente comprometida y por la que en él se producirá un salto cualitativo que consistirá en aprehender los estímulos como realidades. Como fruto de todo este proceso dinámico surgirá un hiper-animal dotado de una inteligencia sentiente mediante la cual tendrá que hacerse cargo de la realidad.
Desde estos supuesto descubrimos que la inteligencia tiene un origen y un fundamento biológico, pero de toda esta exposición podemos concluir que también la moral tiene un origen y una fundamentación biológica. Efectivamente, la moral, tanto para Zubiri como para Ellacuría, consiste en hacerse cargo de la realidad y apropiarse de la misma. Si este hacerse cargo tiene su origen en la inteligencia sentiente y ésta tiene una fundamentación biológica, también la moral tendrá el mismo tipo de fundamentación. Esto no significa, no obstante, que tengamos que reducir lo moral a lo meramente biológico, no es este el empeño de Ellacuría. Sí implica, y en esto hay un empeño especial, que veamos la orientación que arrojan para la acción humana sus notas biológicas. Lo biológico es un momento constitutivo de la realidad humana y, por tanto, debe intervenir en la fundamentación de la ética . El hombre es una realidad sustantiva cuyo carácter consiste en tener propiedades por apropiación. En esta apropiación consiste la realidad moral, ahora bien, este «tener que apropiarse» es para el hombre una necesidad biológica . El hombre queda así caracterizado como animal de realidades y como tal ha de abrirse a la realidad. Esta forzada apertura a la realidad se constituye de esta forma en principio de posibilidad de la ética y en fundamento de la misma, y presenta a su vez una estructura bien precisa que consiste en «hacerse cargo de la realidad», «cargar con la realidad» y «encargarse de la realidad» . La realidad se le muestra al hombre, entonces, como un encargo que propicia una praxis responsable desde la cual orientar una acción que se ha de encaminar a una cada vez mayor humanización del género humano. «La humanización de la especie humana se presenta así como el correctivo ético y la prolongación del proceso biológico de hominización» .
Hasta aquí la primera interpretación de la filosofía de Zubiri por parte de Ellacuría. Ésta podría resumirse en la afirmación de que la humanización del hombre es una responsabilidad ética que brota de la misma naturaleza biológica del hombre y del dinamismo de su propia realidad. No obstante, esta dirección no llegó a convencer plenamente al mismo Ellacuría y, sin abandonarla por completo, decidió buscar un fundamento metafísico el cual encontraría en la realidad histórica. La pregunta ahora ya no será únicamente qué hay en el dinamismo personal que lo empuje a una mayor humanización, sino, sobre todo, cómo debemos hacer para que la historia llegue a humanizar al hombre y para que éste humanice y plenifique la historia.
1 comentarios:
¡Me alegra que vuelvas de vez en cuando a regalarnos este recuerdo de un grande, grandísimo! Ese dia también yo colgaré algo.
Saludos.
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