Como es ampliamente reconocido, la influencia de la obra de L. Wittgenstein en la filosofía del siglo XX ha sido enorme, especialmente en el mundo anglosajón. La trascendencia de esa obra es tal, que abarca en realidad todas las escuelas y disciplinas filosóficas, desde la filosofía de la lógica y las matemáticas a la teoría del conocimiento y a la metafísica. Incluso se puede calibrar esa influencia en términos de su importancia en la constitución de nuevas disciplinas - o renovación de antiguas -, como la filosofía de la mente o la psicología filosófica. Así sucedió con la teoría filosófica del lenguaje que, a impulsos de sus ideas en su segundo periodo filosófico - lo que se conoce como WII o segundo Wittgenstein-, fue a contribuir decisivamente al replanteamiento del concepto de lenguaje, replanteamiento ajeno en principio a las tradiciones propiamente lingüísticas, pero que posteriormente ha influido en ellasSin embargo, a pesar de que se suele dividir la evolución filosófica de Wittgenstein en periodos, lo primero que es preciso señalar es el carácter global de sus ideas filosóficas. Ni en su segundo periodo, ni en el primero, Wittgenstein estaba interesado en una teoría propiamente lingüística, si se entiende por tal una teoría cuya función fuera describir un presunto sistema de símbolos utilizados en la comunicación humana. Su orientación era estrictamente filosófica: la teoría del lenguaje habría de contribuir a una explicación o solución de problemas referentes a nuestra relación con el mundo. En este sentido es preciso subrayar la esencial continuidad del enfoque metodológico de la filosofía wittgensteniana: cualquier instrumento de análisis o teoría sustantiva fue considerado por él en la medida en que podía aportar claridad a la elucidación del problema central de la fundamentación de nuestro conocimiento del mundo y de nuestras acciones, un problema definido en sus términos modernos esenciales por I. Kant. Así, la teoría figurativa del Tractatus constituyó, al mismo tiempo, una respuesta al problema de las condiciones necesarias de la representación lingüística de la realidad - de cualquier representación simbólica en general - y una elucidación de la lógica interna del lenguaje natural. Igualmente en su teoría posterior, las reflexiones filosóficas de Wittgenstein tendrán un pie puesto en la filosofía del lenguaje y el otro en diferentes disciplinas filosóficas, como la teoría del conocimiento, la ética o la filosofía de la mente.
Así pues, la aportación de L. Wittgenstein a la filosofía del lenguaje, y la filosofía en general, hay que juzgarla desde esta perspectiva: su objetivo no fue puramente lingüístico, sino `exterior' a la teoría del lenguaje, como sucede, por otra parte, con la obra de N. Chomsky, una de las más interesantes del siglo XX, desde el punto de vista lingüístico. Por tanto, la contribución de Wittgenstein, especialmente en sus detalles, sólo puede ser cabalmente comprendida cuando se capta su incardinación filosófica, su marco conceptual propio.
Todo esto no quiere decir, sin embargo, que la evolución de las teorías del lenguaje de L. Wittgenstein no pueda exponerse y apreciarse en virtud de sus propiedades intrínsecas. Es más, seguramente uno de los mayores logros de la filosofía de Wittgenstein, al menos uno de los más duraderos, sea el de haber enseñado a considerar el lenguaje humano bajo un nuevo prisma, como una realidad social y comunicativa en vez de un puro sistema de representación del mundo y de nuestro conocimiento de él.
A pesar de las complejidades que presenta el análisis de las obras de Wittgenstein en el periodo intermedio entre el Tractatus y las Investigaciones filosóficas, la evolución de su pensamiento se puede narrar de una forma muy general como el abandono de dos ideas características del Tractatus:
1) En primer lugar, la progresiva insatisfacción acerca del diagnóstico y tratamiento de los problemas filosóficos. La idea sobre esos problemas (heredada de G. Frege y B. Russell, y compartida por los miembros del Círculo de Viena) es la de que tienen su origen en la imperfección del lenguaje natural, siendo el remedio adecuado un análisis lógico que ponga de relieve, en un lenguaje preciso, inequívoco y construido, la auténtica forma lógica del pensamiento.
2) En segundo lugar, el progresivo abandono de la idea de que cualquier simbolismo, y en particular el lenguaje natural, debe su virtualidad semiótica a su capacidad representadora, reproductora de una realidad simbolizada. Con esta idea, Wittgenstein abandonará asimismo la idea de que la lógica es una condición posibilitadora de la representación y la médula espinal de las relaciones entre la realidad, el pensamiento y el lenguaje.
Ninguna evolución en el pensamiento es repentina, y la de Wittgenstein, que había de suponer un salto fuera de la tradición filosófica, lo fue aún menos. Las nuevas ideas que iba a exponer en las Investigaciones se fueron abriendo paso poco a poco, quizás desde mediados los años veinte hasta su regreso a Cambridge en 1937. Esa evolución está reflejada en las observaciones recogidas en un artículo publicado en 1929, en algunas obras publicadas póstumamente (Philosophische Bemerkungen y Philosophische Grammatik) y en los Cuadernos azul y marrón. El primer paso en esa evolución fue la revisión del concepto de representación o pintura propuesto en el Tractatus, revisión que le conduciría a una concepción diferente sobre la función del lenguaje humano. En el Tractatus, el concepto de representación es sumamente concreto y unívoco: toda representación se define por su forma de representación y su relación pictórica; dadas éstas y conocido el método de proyección, podemos determinar unívocamente lo representado. Así, si conocemos la forma lógica de una proposición, podemos determinar el hecho representado sin lugar a error. Sin embargo, ya en 1929 Wittgenstein expresó dudas acerca de la univocidad de esa relación. No sólo en el sentido de que el conocimiento del método de proyección no asegure un único resultado, sino también en el sentido de que resulta dudoso que los diferentes modos de proyección conserven una estructura común, una forma lógica. Es más, el método de proyección que se emplee en cada ocasión no es comprensible a menos que se den por sabidas ciertas reglas o convenciones de la representación. Si se ha de concebir el lenguaje natural como una representación de la realidad, resulta cada vez más patente que ese lenguaje no dispone de un único método de proyección, sino que las diferentes convenciones tácitas movilizadas en su uso determinan una heterogeneidad de métodos de proyección. La conclusión inevitable entonces es que la forma lógica del lenguaje ya no muestra de forma unívoca la de la realidad.
Así pues, las ideas de Wittgenstein fueron modificándose lentamente a lo largo de los años veinte y treinta. Fueron adquiriendo una nueva orientación en las obras intermedias ya mencionadas, perfilándose y profundizándose hasta alcanzar una expresión definitiva en lo que se considera su otra gran aportación a la filosofía del siglo XX, las Investigaciones filosóficas, las cuales, según mi opinión superan, y en mucho, al Tractatus. Desde el segundo Wittgenstein podemos comprender al Wittgenstein más profundo, especialista en filosofía moral, y buscador de una verdad y valores que la escuela analítica nunca pudo ofrecer ni realizar por su cortedad de miras.
3 comentarios:
Es interesantísimo acordarnos de los que han sido y son grandes en la tarea del pensar. Wittgenstein lo fue por vocación - por la mera forzosidad de lo real - más que por profesión. De ahí surge la evolución en el pensamiento. La profesión acaba recluyendo en posturas acantonadas o departa-mentales. Si el segundo Wittgenstein supera en profundidad al segundo,¿qué habría que esperar de un hipotético y hermeneutizado tercer Wittgenstein?
SALUDOS
Habría que esperar un IIIW capaz de asumir la facticidad en su ámbito prelingüístico, e interpretada en el lenguaje. Habría que esperar un IIIW dialogante e interaso por todo lo que sean nuevas visiones e interpretaciones de es facticidad. Habría que esperar un tercer Wittgentein tolerante y agradecido de todo lo que le han enseñado... y no un resentido y corto de miras incapaz de ir más allá del mundo de su lenguaje.
Un saludo cronólatra
Frikis......U¬¬
Publicar un comentario en la entrada