04/11/2009
Ellacuría, 20 años de ausencia (II)
El principio del que parte Ellacuría es el intento de superar lo que llama el reduccionismo idealista de la filosofía occidental . Esta filosofía ha tenido dos tipos de desviaciones a lo largo de la historia: logificar la inteligencia, por un lado, y entificar la realidad, en el otro extremo. Pues bien, tanto la una como la otra pueden ser superadas desde la filosofía de Zubiri. En este pensamiento encuentra Ellacuría no sólo la superación de los reduccionismos de la filosofía occidental, sino también un realismo fundamentado en una teoría de la inteligencia, capaz de superar la clásica separación sujeto-objeto y que coloca a la realidad como la dimensión trascendental por excelencia. «Frente a los distintos procesos de entificación de la realidad –nos dice Ellacuría–, Zubiri insiste enérgicamente en la necesidad de dar toda la primariedad y principalidad filosófica a la realidad misma en el doble sentido de que la realidad es lo último y más abarcante y de que todo lo demás (ser, existencia, sentido, etc.) surge en y desde la realidad» . A esta teoría Ellacuría dará el nombre de «realismo materialista abierto».
Sin embargo, y a pesar del nombre, este tipo de realismo no ha de ser entendido tal y como tradicionalmente se ha expuesto esta doctrina. La realidad aquí no es algo «en sí» que sea captado inmediatamente por una inteligencia. La realidad es una formalidad; no es «en sí» ni «para sí», sino que es «de suyo», esto es, algo aprehendido por la inteligencia como actualización de lo real en tanto que real. Esta inteligencia es una inteligencia sentiente. Para Ellacuría, lo mismo que para Zubiri, «Inteligir y sentir son dos componentes de una única estructura que ejecuta un acto único, complejo pero uno, el acto de intelección sentiente. No se trata de una mera continuidad entre inteligir y sentir ni de una unidad objetiva en el sentido de que ambos versaran sobre el mismo objeto, sino de una unidad formal estructural». Es la inteligencia sentiente la que capta la realidad en un único acto, en un proceso unitario que Zubiri denomina aprehensión primordial de la realidad. Gracias a que el hombre posee esta inteligencia sentiente es por lo que puede habérselas con la realidad.
Esta inteligencia sentiente del hombre, y por la cual aprehende la realidad, tiene un origen material y biológico. Ellacuría considera que toda realidad intramundana es siempre material en cuanto que surge en el seno de la materia. Esta materia «es principio estructural de lo que son las cosas materiales y es, a la par, principio de actualidad; pero está, además, dotada de suyo de un dinamismo estructural y estructurante, gracias al cual hay un paulatino crecimiento de unidad y sustantividad a partir de la mera singularidad hasta llegar a la plena individualidad y sustantividad que compete a la persona humana» . La materia, por su dinamismo estructural, experimenta un proceso en el cual van apareciendo diferentes estratos, fundados unos sobre otros, y que van desde la primera manifestación de la materia o materia elemental hasta la materia viva. Esta materia viva sufrirá así mismo un movimiento progresivo, comenzando por la mera materia biológica y culminando en los organismos vivientes, los cuales poseen ya una independencia del medio y un cierto dominio sobre él, además de ostentar una manera peculiar de habérselas con las cosas y que es la suscitación y la respuesta. En un ulterior paso los organismos vivientes evolucionarán hasta el organismo animal, el cual además de tener independencia y control sobre el medio cuentan con un peculiar modo de habérselas con las cosas: el sentir. Es por la capacidad de sentir por lo que el animal capta las impresiones que llegan hasta él en forma de unidades autónomas frente a las cuales puede dar respuestas adecuadas. Esta función es la formalización y también está sujeta a todo el proceso evolutivo del que venimos hablando. De esta forma «a lo largo de la escala zoológica asistimos a una progresiva formalización, a una progresiva independización. A mayor formalización […] mayor riqueza de respuestas» . Por último nos encontramos con un animal cuyo desarrollo cerebral es tal que ya no podemos hablar de formalización sino de hiperformalización; éste es el hombre. Por su grado de formalización el hombre ya no puede dar respuestas determinadas a los estímulos, razón por la que su supervivencia se encontrará seriamente comprometida y por la que en él se producirá un salto cualitativo que consistirá en aprehender los estímulos como realidades. Como fruto de todo este proceso dinámico surgirá un hiper-animal dotado de una inteligencia sentiente mediante la cual tendrá que hacerse cargo de la realidad.
Desde estos supuesto descubrimos que la inteligencia tiene un origen y un fundamento biológico, pero de toda esta exposición podemos concluir que también la moral tiene un origen y una fundamentación biológica. Efectivamente, la moral, tanto para Zubiri como para Ellacuría, consiste en hacerse cargo de la realidad y apropiarse de la misma. Si este hacerse cargo tiene su origen en la inteligencia sentiente y ésta tiene una fundamentación biológica, también la moral tendrá el mismo tipo de fundamentación. Esto no significa, no obstante, que tengamos que reducir lo moral a lo meramente biológico, no es este el empeño de Ellacuría. Sí implica, y en esto hay un empeño especial, que veamos la orientación que arrojan para la acción humana sus notas biológicas. Lo biológico es un momento constitutivo de la realidad humana y, por tanto, debe intervenir en la fundamentación de la ética . El hombre es una realidad sustantiva cuyo carácter consiste en tener propiedades por apropiación. En esta apropiación consiste la realidad moral, ahora bien, este «tener que apropiarse» es para el hombre una necesidad biológica . El hombre queda así caracterizado como animal de realidades y como tal ha de abrirse a la realidad. Esta forzada apertura a la realidad se constituye de esta forma en principio de posibilidad de la ética y en fundamento de la misma, y presenta a su vez una estructura bien precisa que consiste en «hacerse cargo de la realidad», «cargar con la realidad» y «encargarse de la realidad» . La realidad se le muestra al hombre, entonces, como un encargo que propicia una praxis responsable desde la cual orientar una acción que se ha de encaminar a una cada vez mayor humanización del género humano. «La humanización de la especie humana se presenta así como el correctivo ético y la prolongación del proceso biológico de hominización» .
Hasta aquí la primera interpretación de la filosofía de Zubiri por parte de Ellacuría. Ésta podría resumirse en la afirmación de que la humanización del hombre es una responsabilidad ética que brota de la misma naturaleza biológica del hombre y del dinamismo de su propia realidad. No obstante, esta dirección no llegó a convencer plenamente al mismo Ellacuría y, sin abandonarla por completo, decidió buscar un fundamento metafísico el cual encontraría en la realidad histórica. La pregunta ahora ya no será únicamente qué hay en el dinamismo personal que lo empuje a una mayor humanización, sino, sobre todo, cómo debemos hacer para que la historia llegue a humanizar al hombre y para que éste humanice y plenifique la historia.
29/10/2009
Ellacuría, 20 de años de ausencia
el 16 de noviembre se cumplen 20 de años del brutal asesinato de Ignacio Ellacuría a manos de un pelotón de las fuerzas armadas de El Salvador. Sin embargo, como bien nos enseña la historia, la voz de aquellos que intentaron ser acallados resuena con más fuerza cuando se los convierte en mártires. Dos décadas después la voz de Ellacuría sigue denunciando la situación de injusticia en la que vivie el pueblo latinoamericano, lo mismo que su filsofía sigue siendo tan actual, si no más, que cuando el mismo Iganacio la pensaba. De esta faceta del Padre Ellacuría es en la que aquí nos fijaremos. En conmemoración al aniversario de su muerte, y hasta el día 16, iremos pubicando en el blog algunas reflexiones acerca del sentido y las influencias de la filosofía de Ignacio Elacuría. Sirvan pues estos escritos como homenaje a un hombre que supo enseñarnos que la filsofía también puede denunciar la injusticia y hacernos caer en la cuenta de que otro mundo es posible.INTRODUCCIÓN
En 1961 Ignacio Ellacuría, un joven jesuita de 31 años, acude a la residencia de Zubiri en Donostia con la idea de conocerle personalmente. En su primer intento no lo consigue, pero no desiste en su propósito. En esta época Ellacuría era un prometedor estudiante de teología y filosofía. A los diecisiete años se había ofrecido como voluntario para marchar a Centroamérica y abrir en El Salvador una casa de novicios. Desde ahí marchará a Quito donde empezará a acariciar la idea de complementar la filosofía de Santo Tomás con la filosofía moderna de Ortega y Gasset. Más tarde completará sus estudios en Innsbruck con Karl Rahner, en donde se familiarizará con la teología alemana y con la filosofía de Kant y Heidegger. Finalmente, y tras leer Naturaleza, Historia, Dios, se decanta por doctorarse con una tesis sobre Xavier Zubiri. Esta es la razón que le lleva a conocer al filósofo. Tras varios intentos, por fin consigue conectar. Zubiri y Ellacuría conversan toda una tarde sobre filosofía y teología, además del proyecto que supondría la tesis, algo que Zubiri verá con buenos ojos y a lo que concederá su colaboración . Entre 1962 y 1965 Ellacuría realizará sus estudios de doctorado en la Universidad Complutense de Madrid, bajo la dirección del mismo Zubiri, y en 1965 publicará su tesis doctoral La principalidad de la esencia en Xavier Zubiri. Sin embargo, la relación entre Ellacuría y Zubiri no acabará aquí sino que se extenderá a lo largo de la vida de ambos. Ellacuría aplicará la filosofía zubiriana dentro del marco latinoamericano y desde una clara visión liberadora, enriqueciéndola con nuevas aportaciones e interpretándola desde el diálogo con el mismo Zubiri. Es por ello que el desarrollo que Ellacuría realiza de esta filosofía pueda ser considerado como el más completo y elaborado de cuantos hasta el momento se han intentado. Salvando ciertos puntos que lo separan de la intención original y que comentaremos más adelante, podemos decir que posiblemente estemos ante quien mejor ha comprendido la filosofía de Zubiri y quien mejor la ha sabido aplicar a la realidad en la que se encontraba inmerso. Es de tal radicalidad este intento de aplicar y transformar la realidad a partir de la filosofía que la trágica muerte de Ellacuría, asesinado en 1989, muestra una vez más el poder profético y el compromiso con el hombre al que nos puede conducir un pensamiento que asuma la realidad como tarea propia.
Ignacio Ellacuría prolongará la reflexión zubiriana en dos direcciones. En un primer momento buscará una fundamentación de la moral basada en el análisis de la apertura de la propia realidad a la realidad histórico-natural. Más tarde considerará que este análisis resulta insuficiente para fundamentar la ética y que precisa de un criterio metafísico; éste lo hallará en el dinamismo histórico, en virtud del cual podrá elaborarse un criterio orientador de la acción . De la primera etapa cabe destacar sus escritos La idea de estructura en la filosofía de Zubiri, Introducción crítica a la antropología de Zubiri, Biología e inteligencia y Fundamentación biológica de la ética. De la segunda podemos citar El objeto de la filosofía, Utopía y profetismo desde América Latina y sobre todo Filosofía de la realidad histórica, su obra más elaborada.
06/04/2009
Cinco lecciones de filosofía
Nooooooooooooooooooooo!!!!!22/01/2009
Buscando a LUCA
El antepasado original de la Tierra fue LUCA, no Adán ni Eva
Hay otro argumento contra el diseño inteligente. Un genetista evolutivo de la Universidad de Montreal, junto con investigadores de las ciudades francesas de Lyon y Montpellier, ha publicado un innovador estudio que caracteriza el antepasado común de todas las formas de vida de la Tierra: LUCA (Last Universal Common Ancestor*). Sus conclusiones, publicadas recientemente en Nature, demuestran que el organismo de hace 3,8 mil millones de años no era la criatura comúnmente imaginada.
El estudio cambia las ideas de la primera vida en la Tierra. ”Se creía, en general, que LUCA fue un organismo al que le gustaba el calor o hipertermofílico. Algo parecido a esos extraños organismos que habitan las calientes fumarolas de las cordilleras continentales en las profundidades de los océanos actuales (unos 90º Celsius)”, dice Nicolas Lartillot, coautor del estudio y profesor de bioinformática en la Universidad de Montreal. ”Sin embargo nuestros datos sugieren que LUCA fue sensible a las temperaturas más altas y que vivió en climas por debajo de los 50 grados.”
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El equipo de investigación comparó información genética de organismos actuales para caracterizar el antiguo antepasado de toda la vida de la Tierra. ”Nuestra investigación es muy parecida a estudiar la etimología de las lenguas modernas para descubrir cosas fundamentales sobre su evolución”, dice el profesor Lartillot. ”Identificamos rasgos genéticos comunes entre animales, plantas, bacterias y los usamos para crear un árbol de la vida con ramas que representan especies separadas. Todas son ramas del mismo tronco: LUCA, la composición genética que después nosotros caracterizamos más.”
Reconciliando datos contradictorios
Los hallazgos del grupo son un paso importante hacia la reconciliación de ideas sobre LUCA. En particular son mucho más compatibles con la teoría de un primitivo mundo de ARN, en el cual la primera vida en la Tierra se componía de ácido ribonucleico (ARN) antes que de ácido desoxirribunocleico (ADN).
No obstante, el ARN es especialmente sensible al calor y es improbable que permanezca estable a las altas temperaturas de la Tierra primigenia. Los datos del doctor Lartillot y sus colaboradores indican que LUCA encontró un microclima más frío en que desarrollarse, lo cual ayuda a resolver esta paradoja y muestra que los microámbitos jugaron un papel crucial en el desarrollo de la vida en la Tierra.
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Del ARN al ADN: la prueba de la evolución
”Es sólo en un paso subsiguiente que los descendientes de LUCA descubrieron la más termoestable molécula de ADN, que adquirieron independientemente (presumiblemente de virus) y la utilizaron para reemplazar el viejo y frágil vehículo de ARN. Este invento les permitió abandonar los pequeños microclimas fríos, evolucionar y diversificarse en una multiplicidad de sofisticados organismos que pudieron soportar el calor”, añade el doctor Lartillot.
*Último Antepasado Común Universal
Nota:
Enlace al original: Pluriversia
| Enlace al original en inglés: | Looking at LUCA |
| Fuente: | Astrobiology Magazine |
| Traductor: | Fernando Muñoz Sagasta |
10/01/2009
Una clase magistral de filosofía
Los filósofos siempre han sido mal comprendidos, y más si han osado tener tendencias krausistas en un país tan poco dado a las innovaciones pedagógicas como España. Muestra de ello es la carta que aquí dejo de Menéndez Pelayo a su amigo Antonio Rubio el 30 de mayo de 1874. Habla principalmente del modelo de docencia que ejercía, a finales del XIX, el catedrático de metafísica Nicolás Salmerón. Ya sé que seguramente muchos de los que lean esta carta le darán la razón la razón a Menéndez Pelayo, pero qué queréis que os diga, a mi me encanta la crítica que se le hace ya que pone en evidencia la corta vista de algunos y muestra la quintaesencia de la filsofía. También sé que con estas ideas pocos serán los que se inclinarán por el estudio de la filosofía, y mucho menos por leer mis divagaciones blogservadoras en busca de la sabiduría. Pero, es que las cosas son como son: si entiendes lo que un filósofo dice a la primera, es que no se ha expresado bien (o es que escribió un libro para ganar el premio Planeta). Leed sobre todo lo que resalto en negrita y gozad de una clase magistral de filosofía.06/01/2009
El lugar del cristianismo en una sociedad plural
Esta situación es, obviamente, perversa en sus dos polos. Por una parte, es una radical hipocresía de las sociedades supuestamente pluralistas y tolerantes que las gentes no puedan expresar su pertenencia religiosa, cuando a todo el mundo le es dado ¿como debe ser? expresar pertenencias nacionales, sexuales o futbolísticas. Ésta no sólo es una situación injusta, sino que está estrechamente relacionada con el futuro del cristianismo, porque, a fin de cuentas, el futuro de las religiones depende mucho de que los creyentes crean realmente que tienen entre las manos algo muy valioso para la vida personal y compartida. Y depende también mucho de que la pertenencia a una comunidad creyente se considere con toda normalidad como una de las que forman parte de eso que ha dado en llamarse «ciudadanía compleja». Si la ciudadanía compleja es la que no arrumba las diferencias, sino que acoge en su seno las diferencias, como puedan ser las sexuales o las lingüísticas, igualmente habrá de acoger las diferencias religiosas y reconocer que ésa es una forma de identidad tan respetable al menos como otras. Y no sólo porque otra cosa es discriminación y exclusión injusta, sino porque si la identidad religiosa no es reconocida como algo normal y valioso, la historia que puede contar el creyente está desacreditada de antemano. Ciertamente, todas las dimensiones de la cultura se nutren de tradiciones y de historia, y si algunas tradiciones y algunas historias dejan de ser contadas por censura y por autocensura, difícilmente se va a recurrir a ellas para responder a las preguntas vitales. Por eso, junto a la leyenda negra es importante también contar la leyenda blanca, la de los que se dejaron y se dejan la piel desde la vivencia religiosa, que no es sólo la del amor a Dios, sino también la vivencia del amor al otro. Cierto que la leyenda negra no es tal leyenda, sino triste realidad, pero igual de cierto es que tampoco la leyenda blanca es tal leyenda, sino gozosa realidad. Es la que cuentan las noticias, cuando anuncian que todos han abandonado un país en guerra, excepto los misioneros, mujeres y varones que se comprometieron vitalmente con gentes a las que no quieren abandonar. Pero no lo dicen sólo las noticias, sino que conocemos a muchos de ellos, que han entregado su vida a tumba abierta por una convicción de fe religiosa, hecha a la vez de amor a Dios y de entrega a los otros.
No sé si coinciden con los canonizados públicamente. Son los que apostaron y apuestan por lo débiles, los que arriesgaron y arriesgan por los sin éxito, los que ponen razón y sentimiento al servicio de los sin voz. Las miríadas de mujeres y varones que han creído y creen en Jesús de Nazareth. También su historia hay que contarla desde los orígenes, porque son los que redefinen y negocian la identidad cristiana.



